“OSER ya no es un proyecto en transición: es una estructura consolidada cuyo funcionamiento actual está muy por debajo de estándares aceptables y de los paradigmas establecidos por el oficialismo. La confianza pública se erosiona día a día. Las preguntas se acumulan y las respuestas no llegan. Frente a este escenario, la gravedad no reside únicamente en la ineficiencia, sino en la consolidación de un esquema donde la salud deja de ser un derecho garantizado para convertirse en una variable sujeta a decisiones discrecionales. Cuando el acceso a prestaciones depende de criterios cambiantes, demoras injustificadas o interpretaciones restrictivas, se desvirtúa el principio mismo de seguridad social. Si el rumbo no se corrige de manera inmediata y estructural, las consecuencias económicas, administrativas y humanas no sólo continuarán profundizándose, sino que lo harán de forma cada vez más acelerada, grave e insostenible para el sistema y, sobre todo, para los afiliados que dependen de él”, señalaron.